jueves, 14 de febrero de 2008

Valentín

¿Quién era Valentín? La verdad, no me preocupa. Como tampoco me preocupan las razones por las cuales hoy es su día y, al mismo tiempo, el día de los enamorados. Antes bien, hoy podría ser el día del marketing para parejas, así como está el día del marketing para padres, madres, amigos, abuelos, niños, monstruos, secretarías, y cada día se agregarán más a la lista. Cada día del año terminará siendo el día de algo.
Desgraciadamente, todo el mundo engancha, todos los tipos pasean por las calles con paquetes o ramos de flores, las parejas parecen mirarse como si lo hicieran por primera vez. Y si hay alguien cerca tuyo, una pareja o algo que se le asemeje, es bastante probable que también enganche. Entonces tú, un poco movido por las circunstancias, un poco porque tu pareja finalmente también lo espera, sucumbirás. Quizás no al mercadeo romantico, pero seguro habrá, mínimo, una postal virtual, cuando no un poema completo, una cena especial, lindas palabras cariñosas, caricias especiales, y probablemente terminar el día como manda natura.
Seguramente, yo estaría en ese grupo. Estaría entre los que hoy (no por ser hoy precisamente, sino para no defraudar las esperanzas que sabes alguien tiene... las esperanzas del pequeño presente, las esperanzas del pequeño saludo, las esperanzas del montón de versos) trata de sacar lo mejor de sí y darle forma de versos y de estrofas, con la certeza que harían vomitar a Pessoa, a Whittman, a Rilke, a Pound, pero pondrán un brillo especial en los ojos de tu mujer.
Pero hoy no.
Porque para escribir poemas de amor, o al menos poemas de enamorado, hay que tener creencias, aunque sean creencias falsas. Creer, por ejemplo, que hay otra persona, a la que conocemos, a la que "amamos", a la que deseamos, y a quien van dirigidas las torpes palabras que se amontonan rasgando el papel.
Creencias falsas, pero necesarias. Porque no hay nadie frente a nosotros, sino detrás de un muro de vidrio por donde se dejan pasar gestos, pero no palabras –por donde pasan miradas, pero no calor.
No hay nada que conocer, porque detrás de cada palabra, de cada gesto, de cada beso se esconden mil otras cosas que nunca llegaremos a conocer, y que quizás ni siquiera están cerca de lo que creemos recibir o dar.
No hay nada que "amar", porque amar es sólo una palabra para englobar un montón de emociones y conductas, y cualquier ejemplo tomado de la vida diaria no cumple con todos los requisitos. Amar sería imitar a Romeo y Julieta, a Otelo y Ofelia, al Quijote y Dulcinea... pero puesto que ha sido precisamente ese tipo de arte el que ha ayudado a construir nuestra falsa imagen del amor, cualquier amor real, de la calle, entre un pendejo común y una tipa cualquiera pasa a ser una farsa, un engaño, calentura, capricho y empotamiento.
No, no hay nada que amar. A menos que digamos que el amor es sólo voluntad de poder, sentido de propiedad, deseo sexual y la excusa que tiene la Vida (ni siquiera la excusa la inventamos nosotros, sino la Vida) para perpetuarse entre animales que no escuchan todo el día sus instintos, sino que para sobrevivir inventaron la farsa del conocimiento.
No, no hay nada que amar en el sentido en que hoy creemos interpretar las palabras de, por ejemplo, el galileo, quien tenía una extraña confusión entre amor, tolerancia, perdón, humillación y otras cosas que sólo un judío, acostumbrado a estar último en la fila y habituado a que cualquier imperio los esclavizara al pasar, puede convertir en una única palabra.
Hoy, al menos, no hay nada. Porque es mejor el vacío que la ponzoña.
Así que para todos los que no tienen hoy nada que celebrar, de regalo, Love will tear us apart, "el amor nos desgarrará", basicamente, porque no es nunca lo que esperamos de él.

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