—o el sueño del dios Pan—
Hundirse.
Disolverse. Convertirse de golpe en pequeños terrones, como los que forman la tierra sobre la que está parado. Convertirse de golpe en las hojas del árbol que le da sombra. Convertirse en el fieltro que tapiza la silla en la que está sentado. Convertirse en el plástico que forma las teclas que presionan sus dedos mientras escribe. Convertirse en el aire que le desordena el pelo. Convertirse en el pucho que tiene entre sus labios. Convertirse en el humo tibio que sale de su nariz, de entre sus labios. Convertirse en Nada, para ser parte de Todo y poder llegar a ser Algo. Convertirse en Nada, junto a todo y a todos lo que lo rodean, para llegar algún día a ser parte de Todo, para llegar al menos a ser, aunque sea por un breve momento, Algo.
"es preciso llevar aún algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas", se repite.
"es preciso llevar aún algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas", se repite una y otra vez.
Y entonces piensa que como no es posible pasar a ser parte de la tierra que pisa, del aire que respira, del fuego que le quema entero por dentro, como no puede hundir su cuerpo, fundirlo, disolverlo y disgregarlo para que así se hunda se funda se disuelva y se disgregue su mente, entonces sueña con convertir todo en un hermoso caos lumínoso, en un mundo de hermosas formas que desaparecen, en un universo lleno de estelas luminosas que se alejan en el ocaso absorvidas por la oscuridad.
"es preciso llevar aún algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas", se repite.
Sueña con convertir el lindo esfuerzo de un arquitecto en un montón de fierros, ladrillos rotos, trocitos de vidrio, jirones de papel mural, tuberías sangrantes de agua turbia, puertas que ya no tienen vanos que cubrir...
Sueña con convertir un museo en un barrio rojo, que la perla del mercado se convierta en una viñeta de historieta porno, que las esculturas aparezcan de pronto como licantropos alados, que recorran los pasillos espantando a los pocos visitantes que no estén fornicando tras los lienzos; que las mujeres de piedra que sostienen los pilares del techo se conviertan en lascivas prostitutas que ofrecen sus encantos por un par de monedas y un cigarro.
Sueña con ver las calles convertidas en trincheras, donde todos corren para esconderse de los lanzadores de basura, de los que combaten arrojándose restos de comida, envases de pollo para servirse y llevar, vasos plásticos con restos de hielo y una pajita asomando. Sueña con ver a un niño que ha convertido el tirante de su bolsón en una boleadora que lanza membrillos aplastados, cuadernos arrepollados, lápices sin punta, estuches con el cierre roto, corbatas convertidas en tiras, zapatos negros relucientes con la suela cubierta de mierda.
Y mientras sueña todo eso se repite que es necesario llevar aún algún caos dentro de sí para engendrar estrellas danzarinas.
Sueña y se repite la frase como un mantra, sueña y se repite la frase como si la estrella fuera a salir de su cabeza, envuelta en una mucosidad transparente que velará su brillo por un momento, por el tiempo que él necesita para limpiarla y pulirla.
Sueña con verse a sí mismo convertido en algo distinto. Y como no puede imaginar qué, se imagina con su brazo derecho saliendo de entre sus omóplatos, su brazo izquierdo asomando entre sus ingles. Su pierna derecha saliendo de dentro de su ombligo, pero de dentro, no en reemplazo de su ombligo. Su pierna izquierda colgando de la nariz. Y como no le deja comer, su boca se ha movido a la palma de su mano izquierda, y entonces cada vez que fuma parece que estuviera aplaudiendo. Trata de imaginar donde estarían sus ojos, y termina por ubicarlos en su nuca, cubiertos por el largo pelo que cae liso como crines de caballo enfermo, impidiéndole ver el desastre que acaba de regalar al mundo.
Sueña luego con su cuerpo recompuesto. Así, todos y cada uno de los canallas e imbéciles que no entienden que ese desorden, ese caos, esa desarmonía es el más precioso regalo que puede hacerles podrán crucificarlo como corresponde, como aparece en todos los manuales, en todas las ilustraciones, en todos las guías de "hágalo usted mismo".
"es preciso llevar aún algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas", se repite mientras el cielo se cubre de nubes negras y pesadas, mientras tiembla la tierra a sus pies que en realidad son los pies de la cruz, mientras la cortina del templo se desgarra y las tumbas se abren y los cuerpos de unos pocos idiotas se levantan de la muerte que en realidad han sido unas plácidas vacaciones, mientras las pálidas mujeres lloran y los cobardes discípulos que nunca tuvo se esconden como los otros a lamer lenguas de fuego que caen sobre ellos.

