Instrucciones para leer un libro
Tome el libro con ambas manos —olvídese, para estos efectos, que existen los libros electrónicos o similares: lo siguiente sólo es válido para libros de papel, con hojas que la devoción del lector ajará en las esquinas, con cubiertas que lentamente irán mostrando los rastros de dedos sudados, con letras que aún emanan algo del olor de la tinta que las engendró.
Ábralo por la parte central (aproximado, no es necesario que calcule exactamente la página del medio) y comience a leer. No es necesario que busque la clásica mayúscula, esa letra soberbia que siempre quiere verse más grande que el resto y que habitualmente indica el comienzo de una frase, aunque a veces puede intentar confundirnos señalando un nombre propio.
Comience a ensamblar las letras hasta formar una palabra. El límite de éstas lo señala claramente un espacio un poco mayor que el habitual. Por otro lado, varias palabras separadas por signos que parecen lejanas estrellas negras, o estrellas con una cola —¡un cometa ascendiendo a los cielos!—, o dos estrellas una sobre la otra, o unos cometas apuntando a unas estrellas, forman una frase, unidad mínima del sinsentido presente en un libro.
De existir frases encerradas entre signos que parecen rasguños de gato en la hoja, o bien frases que comienzan con un tajo de tinta, entonces se trata de parte de un diálogo.
Cualquiera sea el caso, lea sólo dos o tres páginas de corrido. Luego, salté varias páginas hacia adelante o hacia atrás, y vuelva a leer dos o tres páginas más. Continúe con este ejercicio cuantas veces estime conveniente.
Es bastante probable que al finalizar no entienda la intención original del autor de esas palabras (aunque también es muy difícil captarla al leer desde la primera a la última línea) o que tampoco logre captar la historia que llevan adelante los personajes.
Consuélese mirando cómo ese libro, pensado como historia ejemplificadora, termina convirtiéndose en un hermoso caballo alado con cabeza de león y cola de lagarto, o en un elegante flamenco con cuello de jirafa y cuernos de rinoceronte —suerte de torre de Babel biológica— o en un sorprendente hombre con cabeza de unicornio, brazos de lagarto y cola de pavo real. Con un poco de suerte, logrará ver el libro convertido en un árbol cuyo tronco lo formas decenas de cuerpos desnudos de mujeres voluptuosas, que engendra ramas que parecen la extensión de sus cabellos, y que a su vez dan paso a cientos de avecillas que tratan de emprender su vuelo de alas multicolores hacia un cielo que más bien parece un océano embravecido restallando en espumosas olas de espumoso vino tinto.
¡Salud!






