miércoles, 20 de febrero de 2008

Instrucciones IV

Instrucciones para leer un libro
Tome el libro con ambas manos —olvídese, para estos efectos, que existen los libros electrónicos o similares: lo siguiente sólo es válido para libros de papel, con hojas que la devoción del lector ajará en las esquinas, con cubiertas que lentamente irán mostrando los rastros de dedos sudados, con letras que aún emanan algo del olor de la tinta que las engendró. Ábralo por la parte central (aproximado, no es necesario que calcule exactamente la página del medio) y comience a leer. No es necesario que busque la clásica mayúscula, esa letra soberbia que siempre quiere verse más grande que el resto y que habitualmente indica el comienzo de una frase, aunque a veces puede intentar confundirnos señalando un nombre propio. Comience a ensamblar las letras hasta formar una palabra. El límite de éstas lo señala claramente un espacio un poco mayor que el habitual. Por otro lado, varias palabras separadas por signos que parecen lejanas estrellas negras, o estrellas con una cola —¡un cometa ascendiendo a los cielos!—, o dos estrellas una sobre la otra, o unos cometas apuntando a unas estrellas, forman una frase, unidad mínima del sinsentido presente en un libro. De existir frases encerradas entre signos que parecen rasguños de gato en la hoja, o bien frases que comienzan con un tajo de tinta, entonces se trata de parte de un diálogo. Cualquiera sea el caso, lea sólo dos o tres páginas de corrido. Luego, salté varias páginas hacia adelante o hacia atrás, y vuelva a leer dos o tres páginas más. Continúe con este ejercicio cuantas veces estime conveniente. Es bastante probable que al finalizar no entienda la intención original del autor de esas palabras (aunque también es muy difícil captarla al leer desde la primera a la última línea) o que tampoco logre captar la historia que llevan adelante los personajes. Consuélese mirando cómo ese libro, pensado como historia ejemplificadora, termina convirtiéndose en un hermoso caballo alado con cabeza de león y cola de lagarto, o en un elegante flamenco con cuello de jirafa y cuernos de rinoceronte —suerte de torre de Babel biológica— o en un sorprendente hombre con cabeza de unicornio, brazos de lagarto y cola de pavo real. Con un poco de suerte, logrará ver el libro convertido en un árbol cuyo tronco lo formas decenas de cuerpos desnudos de mujeres voluptuosas, que engendra ramas que parecen la extensión de sus cabellos, y que a su vez dan paso a cientos de avecillas que tratan de emprender su vuelo de alas multicolores hacia un cielo que más bien parece un océano embravecido restallando en espumosas olas de espumoso vino tinto. ¡Salud!

Instrucciones III

Instrucciones para nadar en una piscina
Ubíquese idealmente en la orilla de la piscina, justo en ese sector donde la mayoría de ellas tiene una gravilla gruesa que lastima ligeramente los pies y aumenta los deseos de lanzarse al agua. Mire a su alrededor, verificando que nadie está muy cerca del lugar donde usted va a caer (para que lo anterior sea válido, debe hacer el ejercicio mental de proyectar su propia silueta en el agua, alargándola un par de metros desde la orilla). Salté. Muy importante: no se trata de saltar como para coger una fruta de su rama, ni de hacerlo dejándose caer hacia adelante, como un desmayado. No. Antes bien, debe flectar las piernas e impulsar su cuerpo tratando de conseguir una diagonal cuyo punto inferior son los dedos de sus manos extendidas al final de sus brazos ídem, y cuyo punto superior serían sus pies. (Nota importante: para el éxito de este procedimiento será mejor que lea las instrucciones hasta el final y luego salte). Una vez en el agua, el impulso del salto debiera empujarlo hacia adelante, mientras que la resistencia del agua convierte poco a poco la diagonal en horizontal. Es importante que advierta que el agua además frenará poco a poco su avance, puesto que ésta es menos amiga de las aves y mariposas que el aire donde habitualmente vivimos. Una vez conseguida la horizontal, recuerde no tratar de respirar. Mantenga sus piernas rígidas, como si no tuviera rodillas, y mueva alternadamente una hacia arriba y la otra hacia abajo. No intente mover simultáneamente las piernas hacia arriba o hacia abajo, y menos hacia arriba y hacia abajo. En el primer caso su cadera se lamentará de haber seguido mis instrucciones. En el segundo, todas las reglas del devenir y la sucesión saltarán por los aires, con el nefasto resultado que a partir de ese momento tendría que tomarse el café mientras el agua hirviendo cae de la tetera y va llenando la taza; operación dolorosa e injustificada. O bien podría encontrarse tratando de besar a una mujer al mismo tiempo que la saluda la primera vez que la encuentra, con el consiguiente desagrado de su mejilla y la decepción de su deseo sexual. Poco a poco notará que el fondo de la piscina se va alejando de usted. Esto puede ser porque usted está comenzando a emerger, o bien porque la piscina se ha hecho más honda. Si la primera opción es la correcta, comience a agitar violentamente los brazos mientras intenta gritar y traga agua a raudales, para que así el salvavidas note su problema y venga a rescatarlo.Si se trata de la segunda opción, despídase de su santo patrón —si lo tiene—, cierre los ojos, despídase del pasto verde que nunca volverá a pisar, del cielo que nunca volverá a ver, de la mujer que nunca volverá a acariciar.

viernes, 15 de febrero de 2008

Instrucciones II

Instrucciones para caminar con los cordones desatados
De absoluta importancia es que los cordones no sean demasiado largos. Si el extremo suelto del cordón es más extenso que el largo máximo de sus pasos, es recomendable que detenga aquí la lectura, flecte sus rodillas, y proceda a amarrarlos. Si desconoce como realizar esta compleja operación, simplemente recoja los extremos y enrollelos alrededor de su tobillo o póngalos dentro del zapato, junto a su pie, en una orilla donde no molesten demasiado.
Superado este obstáculo inicial, pasamos al procedimiento como tal.
Debe dar los pasos largos, muy largos, más largos que lo habitual, evitando así que el pie que apoyará vaya a posarse, por accidente, sobre el extremo del cordón.
Con lo anterior no necesitará siquiera estar constantemente mirando hacia abajo para evitar tan nefasto suceso.
Cuidado especial debe tenerse al llegar a las esquinas. Una detención frente a un semáforo en rojo no causará problemas, pero sí puede ocasionarlo el reanudar la marcha. En estas circunstancias es recomendable, antes de dar el segundo paso, verificar que efectivamente la punta del cordón ha quedado más atrás que nuestro pie más adelantado, aunque sea un par de centímetros.
Con las indicaciones anteriores no debiera tener problema. De no seguirlas cuidadosamente, puede terminar de bruces en el suelo, con el riesgo evidente de que su ojo termine atravesado por una viga que quizás usted mismo dejó tirada por ahí, en alguna vereda.

Duda

Hace años vi una mujer eternamente preñada, que se alimentaba de las heridas que ella se causaba con sus uñas, rasgando su piel, lacerando sus músculos.
Y mientras rasgaba lloraba y se lamentaba. Y luego, cuando sorbía la sangre, tocando apenas su piel con la punta de la lengua, estremecimientos y gemidos de placer la atacaban.
Es la Vida, me dijeron. Diosa, madre, puta, santa... la única capaz de colmarte de regalos y placeres mientras te desquicia con dolores.
¿Eras realmente tú, la que nos embriagaba y colmaba de éxtasis en primavera, la que apartaba de nosotros sus ojos y su calor en invierno? ¿Eras tú, la que a veces queremos apartar y alejar, pero a la que siempre terminamos por abrazar?
Y si eras tú, ¿por qué hoy no te reconozco? ¿por qué sólo veo tus ojos rojos mil veces rojos mil veces?
Y si eras tú, ¿por qué hoy sólo me pareces un pequeño demonio que susurra maldiciones por las noches, junto a mí cama?
¿Eras tú? ¡Pues bien! ¡Una vez más!

jueves, 14 de febrero de 2008

Pieds-Noires

-¿Qué haces hoy?
-Lo de casi todos los días... Seduzco mujeres casadas.
-¿Tú? ¿Y cómo haces eso?
-Bah. Es muy simple, suponiendo que la encuentras, y que reconoce ser casada (hay algunas por ahí que gustan de simular que son solteras, pero tarde o temprano se delatan y terminan por reconocer su real estado civil). Una vez dado eso, el camino es limpio y despejado.
-A ver... explícame eso, por favor.
-Mira... una mujer casada tiene muchas cosas de qué preocuparse. Si no tiene nana, debe velar por sus hijos, por sus cosas, además de su trabajo, atender al marido, etcetera, etcetera. Si no, piensa en la cantidad de mujeres que se quejan de tener dos y hasta tres trabajos: dueña de casa, esposa, y trabajadora en alguna empresa.
-Pero eso me parece más una objeción contra tí que un argumento a tu favor.
-Espera... aún no he terminado.
-Perdón
-No te preocupes. Si tiene nana es casi lo mismo. Llega a la casa, pero en lugar de tirarse por ahí a descansar, debe controlar lo que la nana hizo en el día, ayudar a sus hijos con las tareas, y atender al marido, ¡porque a él no le puede decir que está demasiado cansada por las tareas de la casa! Como ves en cualquiera de los dos escenarios, una mujer casada que entre acá, a esta sala de conversación virtual...
-¿Es lo que llaman "chat"?
-Correcto... como decía, cualquiera que entre al chat es porque está buscando algo, algo que le falta. Una mujer soltera, obviamente busca con quien salir, ya sea sólo para fornicar, o para enamorarse. Lo mismo corre para una mujer viuda o separada. En cambio una casada, ya no tiene panoramas con su marido, ya no tiene interés en él (o él ya no tiene interés en ella, que al final, para mí, es lo mismo), o simplemente ya no lo soporta. Si no fuera así, ninguna mujer casada sería visitante habitual de este lugar...
-Suena razonable, aunque no sé si esté de acuerdo contigo.
-Bueno, tendrás que estarlo, porque los resultados prácticos demuestran mi teoría. Entonces, quedamos en que la señora en cuestión llega acá llena de carencias. ¿Qué puede faltarle? Mira, si tiene computador en su casa, y conexión a internet, es obvio que el pan no (o está tan loca que prefiere un computador e internet antes que pan, y en ese caso es más fácil todavía)...
-No sólo de pan vive el hombre, como dijo un ex-amigo mío, hace tantísimos años.
-A eso iba. ¿De qué más vive una mujer? De pan y poesía. Nada más. Entendiendo poesía en el sentido más amplio... incluyendo hasta lo que podríamos llamar "actos poéticos"... como regalarles flores, piropearlas, preguntarles a cada rato cómo se sienten y qué sienten.
-Yo no sería tan abusador con la palabra "poesía"... podrías decir "pan y romanticismo".
-Da igual, tú entiendes. Entonces, te haces el lindo. Le dices palabras galantes, lees con atención lo que ella escribe (esto es más difícil, porque debes cuidar que no parezca que dejaste el computador botado y te fuiste al baño o a dormir), y por sobre todo, cada vez que te cuente algún problema marital, encontrarle la razón o, mejor aún, librarla a ella de toda culpa, mostrarle que la bestia es su marido que no sabe valorar la "mujer grossa" que tiene a su lado...
-No puedes decirle a una mujer eso de "mujer grossa"...
-¿Por qué no? Te da hasta un aire raro, medio juvenil. Y sigues sumando puntos: ella recordará su juventud perdida al lado de la bestia que tiene en la casa.
-Bueno... supongamos... ¿y después?
-¿Después? Pffff... miel sobre hojuelas. Tú le devuelves la poesía a su vida, ella se vuelve loca por tí... hasta terminará pidiéndote ella una cita, tú sólo tendrás que consentir. Como dijo alguien en una película por ahí, "polvo seguro".
-Así parece. Pero ¿y ella? ¿no te importa?
-Claro que sí... la idea es mandarla de vuelta a su casa plenamente satisfecha. Y yo volver, obviamente, igual a la mía.
-No hablo de eso, idiota. Me refiero a qué pasa con sus sentimientos. Supongo que ella se enamorará, o al menos pensará que se enamoró, o al menos creerá que su vida sentimental ha dado un brinco maravilloso.
-Bueno... no me halagues... no sé si cause tanto amor en una mujer... jajajajaja. Hablando en serio... Primero, es rollo de ella, no mío. Segundo, no hay nada que hacer: ella lo pasará bien, yo también, y aunque yo le dijera (y suponiendo que en realidad sintiera) que estoy enamorado, ella no dejará (por lo menos no de buenas a primeras) a su marido, su casa y sus hijos para fugarse conmigo.
-¿Sus hijos? ¿No crees que pides mucho por tan poco?
-Hace un rato me halagabas, ahora me subestimas... jajaja. En serio, no tengo ningún interés en hacerme de un hatillo de críos. Si fuera por eso, me buscaría con quien tener los míos propios.
-Me queda claro. No sólo eres patas negras en español, también lo eres en francés...
-¿En francés? No te cacho... yo sólo chateo en español.
-Me doy cuenta que "no cachas". Patas negras, en francés, pieds-noires
-¿Lo mismo?
-Sí, lo mismo. Para tí, y después de oirte, obvio que es lo mismo.

Valentín

¿Quién era Valentín? La verdad, no me preocupa. Como tampoco me preocupan las razones por las cuales hoy es su día y, al mismo tiempo, el día de los enamorados. Antes bien, hoy podría ser el día del marketing para parejas, así como está el día del marketing para padres, madres, amigos, abuelos, niños, monstruos, secretarías, y cada día se agregarán más a la lista. Cada día del año terminará siendo el día de algo.
Desgraciadamente, todo el mundo engancha, todos los tipos pasean por las calles con paquetes o ramos de flores, las parejas parecen mirarse como si lo hicieran por primera vez. Y si hay alguien cerca tuyo, una pareja o algo que se le asemeje, es bastante probable que también enganche. Entonces tú, un poco movido por las circunstancias, un poco porque tu pareja finalmente también lo espera, sucumbirás. Quizás no al mercadeo romantico, pero seguro habrá, mínimo, una postal virtual, cuando no un poema completo, una cena especial, lindas palabras cariñosas, caricias especiales, y probablemente terminar el día como manda natura.
Seguramente, yo estaría en ese grupo. Estaría entre los que hoy (no por ser hoy precisamente, sino para no defraudar las esperanzas que sabes alguien tiene... las esperanzas del pequeño presente, las esperanzas del pequeño saludo, las esperanzas del montón de versos) trata de sacar lo mejor de sí y darle forma de versos y de estrofas, con la certeza que harían vomitar a Pessoa, a Whittman, a Rilke, a Pound, pero pondrán un brillo especial en los ojos de tu mujer.
Pero hoy no.
Porque para escribir poemas de amor, o al menos poemas de enamorado, hay que tener creencias, aunque sean creencias falsas. Creer, por ejemplo, que hay otra persona, a la que conocemos, a la que "amamos", a la que deseamos, y a quien van dirigidas las torpes palabras que se amontonan rasgando el papel.
Creencias falsas, pero necesarias. Porque no hay nadie frente a nosotros, sino detrás de un muro de vidrio por donde se dejan pasar gestos, pero no palabras –por donde pasan miradas, pero no calor.
No hay nada que conocer, porque detrás de cada palabra, de cada gesto, de cada beso se esconden mil otras cosas que nunca llegaremos a conocer, y que quizás ni siquiera están cerca de lo que creemos recibir o dar.
No hay nada que "amar", porque amar es sólo una palabra para englobar un montón de emociones y conductas, y cualquier ejemplo tomado de la vida diaria no cumple con todos los requisitos. Amar sería imitar a Romeo y Julieta, a Otelo y Ofelia, al Quijote y Dulcinea... pero puesto que ha sido precisamente ese tipo de arte el que ha ayudado a construir nuestra falsa imagen del amor, cualquier amor real, de la calle, entre un pendejo común y una tipa cualquiera pasa a ser una farsa, un engaño, calentura, capricho y empotamiento.
No, no hay nada que amar. A menos que digamos que el amor es sólo voluntad de poder, sentido de propiedad, deseo sexual y la excusa que tiene la Vida (ni siquiera la excusa la inventamos nosotros, sino la Vida) para perpetuarse entre animales que no escuchan todo el día sus instintos, sino que para sobrevivir inventaron la farsa del conocimiento.
No, no hay nada que amar en el sentido en que hoy creemos interpretar las palabras de, por ejemplo, el galileo, quien tenía una extraña confusión entre amor, tolerancia, perdón, humillación y otras cosas que sólo un judío, acostumbrado a estar último en la fila y habituado a que cualquier imperio los esclavizara al pasar, puede convertir en una única palabra.
Hoy, al menos, no hay nada. Porque es mejor el vacío que la ponzoña.
Así que para todos los que no tienen hoy nada que celebrar, de regalo, Love will tear us apart, "el amor nos desgarrará", basicamente, porque no es nunca lo que esperamos de él.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Stultifera Navis

A su derecha (aunque creo que debiera decir "a babor", pero aún no me acostumbro a la jerga marinera, y bien podría ser "a estribor") pueden ver el lugar donde antiguamente se encontraba el Coloso de Rodas, y que hoy debe estar hinchado de tanto tragar agua en el fondo del mar, o bien volando por el firmamento en el que ya hace mucho tiempo desapareció. La seca costa de Africa, con sus aires de paisaje marciano, les saluda no muy amigablemente, mostrando sus colmillos sedientos de carne magra y fibrosa. ¡Yo no sé cómo estos africanos no han pensado en algún sistema para traer agua desde unos pocos kilometros más al sur, y así convertir estos polvorientos y retostados paisajes en un jardín que podamos enseñarle con más agrado y orgullo a los visitantes! No han aprendido nada de sus vecinos egipcios (a quienes no pueden ver, pero que pronto tendrán al alcance). Porque me han contado que estos señores fueron capaces de construir una zanja bastante aceptable, que lleva agua desde un lago que está al interior hasta llegar a este mar por el que navegamos, y lo usan como canal de regadio, además de parque acuático de diversiones para sus mascotas, que son unas lagartijas un tanto más grandes de lo habitual. Si les gustan los reptiles, pueden acercarse con toda confianza, una vez que hallamos llegado, y regalonear con sus ternuras y abrazos.
A su izquierda (o estribor, si lo prefieren) pueden ver las costas de Hispania, que vendría siendo una especie de amontonamiento de repúblicas chiquitas, donde cada una detesta a la vecina, y sin embargo, todos juntos (más o menos) siguen a su rey. Curioso, pero se han visto cosas peores.
¡Sal de ahí, grosero animal! ¡¿No tienes verguenza?! Perdón, pero ese que acaban de ver es un paciente, no recuerdo con precisión el diagnóstico con el que llegó, quien siempre sufre del estomago cuando el mar se alborota un poco, y no hemos podido quitarle la costumbre de asomarse por la borda para vomitar. Espectáculo desagradable y poco edificante, pero en realidad inofensivo.
Y puesto que les interesa, puedo comentarles que el que cuelga sus piernas de esa vela es nuestro más anciano paciente, quien ostenta el record de haber permanecido aquí más de 60 años. Comenzó a mostrar sus síntomas a edad bastante temprana, por lo que nos acompaña, creo, desde los 14 años. Y desde entonces ha permanecido en nuestro barco, colgado principalmente de esas velas, excepto para sus humanas necesidades, de las que evidentemente no tenemos que hablar. Y desde allí nos alerta la proximidad de puertos, tormentas u otras naves que se acercan, y que son los únicos momentos en que emite sonidos. El resto del tiempo, como lo ven, dialoga con el sol en el idioma del sol, es decir, el silencio.
Al que ven sentado con la espalda apoyada en el mástil, es a quien llamamos "el librero". Si miran detenidamente, su regazo alberga 3 o 4 volúmenes, entre los que habitualmente hay una novela, un ensayo, un texto de poesía, y algún otro libro de un tema general. No contento con aquello, junto al mástil, dentro de aquel barril tan pulcramente limpio, podrían encontrar más de 50 libros ordenados alfabéticamente por autor, perfectamente conservados, tal como si hoy hubiesen salido de la imprenta. Lástima que sólo puedan ser consultados mientras el librero duerme, ya que si bien es un paciente tremendamente tranquilo, los arrebatos de furia que le vienen cuando alguien se acerca a menos de 2 metros del barril son practicamente incontrolables, y sólo se calman cuando "el invasor" retrocede hasta la línea que forman esas tablas sueltas en el piso.
Personajes acá hay más, cada uno con su historia y con sus manías (además del diagnóstico y el tratamiento), pero es un poco vergonzoso y humillante hablar de cada uno de ellos como si esto fuese un museo o una galería de arte, sobre todo considerando que tarde o temprano tendría que contarles mi historia, mis manías, mi diagnóstico y mi tratamiento... Mejor sigamos navegando, que a esta hora el viento que llega desde la proa refresca incluso el más lúgubre de los ánimos.

lunes, 11 de febrero de 2008

Instrucciones I

Instrucciones para llorar por una mujer
Puesto que no vale la pena llorar por una mujer, pero a veces puede ser necesario hacerlo (para terminar la discusión, para desahogar penas del amor propio, para botar la rabia acumulada en la pelea, para parchar un orgullo herido), es recomendable entonces buscar una razón alternativa, que sea tan poderosa que no permita que surjan dudas sobre la autenticidad del llanto. Quienes hayan llorando mucho ante la muerte de sus padres pueden evocar ese pensamiento. Quienes no encuentren ninguna razón en su archivo personal de llantos, deben apelar entonces a los estímulos alternativos:
Así como un degenerado que mira antes de llegar a casa revistas con jovencitas desnudas para poder hacerle el amor a su vieja esposa, quien ya no le excita, así deben buscarse estímulos que permitan llorar. En primer lugar, un recurso muy utilizado es la música. Buscar una canción cuya letra sea capaz de hacer llorar a una piedra no cuesta mucho esfuerzo. Sobre todo si le facilitamos al interprete de la canción la tarea con un par de vasos de algún trago (no usar cerveza, porque contiene bajos índices de alcohol, lo que nos obligará a beber un par de litros para lograr el efecto deseado, y luego tendremos que escuchar la canción desde el baño, confundiéndola con el sonido que hacen nuestro orines en la taza).
No se recomienda usar el dolor físico como estímulo alternativo: más probablemente obtengamos improperios y malas palabras antes que lágrimas.
No se recomienda el uso de sustancias lacrimógenas, tales como jugo de cebolla o similares: nos saca del contexto en el cual el llanto puede ser útil y necesario, convirtiéndolo en un gesto absurdo y descabellado.

Círculos

Una mujer en la vereda. Mira casi hipnóticamente una cartera en la vitrina. El precio no es excesivo, pero acaba de gastar casi todos sus últimos billetes en un par de zapatos para comenzar un nuevo trabajo, el primero que consigue después de muchos meses. Mira alternadamente la vitrina, donde brilla el cuero negro de la cartera nueva, y su vieja cartera, agrietada, con las esquinas peladas, con el broche que no cierra... Si entra, y la compra, el dinero no le alcanzará para tomar el metro todos los días del mes... Si no la compra, seguramente no causará la impresión que quiere causar, y que le permitiría quedarse con el trabajo definitivamente.
Un hombre llega a su casa, cerca de las 11 de la noche, después de haber trabajado hasta poco rato antes, terminando todos los informes que tenía que terminar, tratando de mostrar sus habílidades de todas las formas hábidas y por haber, tratando de poner un cartel luminoso sobre su cabeza que fuera visto por todos sus jefes y dijera algo así como "Hey!!! Vean que bien lo hago", y así obtener el ascenso, y el correspondiente aumento de sueldo, que lo deje comenzar a vivir con su familia, y no a solamente sobrevivir; ese aumento que le permita convertir a su mujer en lo que él quiere que sea, y volver a llenarla de vida con citas, con juegos, con cenas fuera de la casa, con descansos como dios manda. Pero al llegar a su casa, cansado después de meses trabajando al mismo ritmo, encuentra todo a oscuras y silencioso, a pesar que nunca se duermen temprano. Va al comedor, a dejar su maletín en el rincón de siempre y encender las luces, y encuentra un sobre encima de la mesa, que contiene una escueta carta de despedida: "Me voy. Lo siento, no me busques... pero creo que es demasiado lo que te has olvidado de mí. Quiero ser algo más que una simple presencia en esta casa".
Un estudiante se despedaza contra los libros, como si fuesen acantilados de papel. Todas las noches hunde su cara entre las páginas blancas, amarillentas, ocres, como si buscara que las letras entraran directamente a su cabeza. Lee y lee, sin detenerse. Estudia y estudia, sin preguntarse siquiera el por qué. Pero sonríe al ver las caras satisfechas de su madre, de su padre, de todos los parientes que inflan el pecho por tener un hijo o un sobrino o un nieto en la universidad, y que además es un modelo de estudiante. Pero en un par de meses la falta de sol resplandeciente, de aire puro que corra entre los árboles, de comidas saludables y abundantes, de sueño prolongado y reponedor comienza a pasarle la cuenta. Se duerme en clases. Cada día le es más dificil concentrarse. Avanza las páginas, y después de mucho rato se da cuenta que ni siquiera sabe qué leyó. Hasta que llega el fin del año, y sus notas son deplorables. Todas las materias reprobadas. Entra en proceso de eliminación. Su defensa no aporta ningún argumento que permita una reconsideración. Es expulsado. Y mientras espera el bus, se pregunta cómo se lo hará saber a su padre, a su madre, y a todos sus orgullosos parientes.