lunes, 31 de marzo de 2008

Viejo SO-BER-BIO

Gracias por el almuerzo. Estaba rico. Además, hace tiempo que no nos juntábamos todos para almorzar. Pero yo creo que mejor empiezan a hablar claro al tiro. Ná de rodeos ni de irse por las ramas. Porque estaré viejo, pero hue'ón no soy... Ustedes no se van a venir a aburrir a mi casa un domingo sólo por el placer de almorzar con el papá o con el suegro. Ni cagando.
¡Pero si miren la cara de hue'ones que ponen! ¡Como si no los conociera! A voh, Marcela, hace tiempo que te tengo entre cejas. Me llamas, que papito pa'llá, que papito pa'cá, y como que no quiere la cosa, me llenas de indirectas y preguntas imbéciles que hasta el ahue'onado de tu crío entendería pa'onde van. Y este mat'e cachas que tenih por marido, que viene aquí el hue'ón a tomarse mi vino ni siquiera por eso te ataja. Seguro que él anda detrás de todo esto. Se cree vivo el hue'ón, y en realidad es tan pajaro que se casó contigo.
No me pongas esa cara, Roberto. Tu hermana es una fresca de raja, y punto. Y tú no eres más fresco que ella sólo porque tenih esa mujer al lado. Porque la Paula será una bruja de mierda insoportable, pero al menos es decente. ¿Cómo? ¿Qué no hable tanta grosería? ¿Y de cuando están tan delicados los hue'ones? Podrían haberse puesto así de delicados antes de ponerse de acuerdo en venir hoy día a mi casa a hueviarme. Hablen ahora poh, a ver... ¡hablen las mierdas!. ¿Qué chucha es lo que se traen entre manos? ¿Quieren que me vaya a esa hue'a de hogar que la Marcela me ha estado pintando en colores? ¿Quieren que les deje esta casa? ¿Pa'qué? ¿Para arrendarla y repartirse la plata? ¿Para venderla? ¡Lindo negocio harían! Si no parecen hijos mios de lo hue'ones que son. Dos días con cue'a les duraría la plata en los bolsillos. Voh Marcela le terminaríai pasando toda la plata a este hue'ón cafiche que tenih de marido, pa'que de yapa te termine cagando. ¿Qué me venih a abrir las pepas? Seguro que el hue'ón se culea a la secretaría en la oficina, mientras voh en la casa estai como hue'ona hablando por teléfono. ¿Qué no me vai a permitir qué? ¿Y quién chucha soi voh pa' venir a decirme qué hue'a puedo hablar en mi casa? Si tenih cara de caliente poh hue'ón. ¿O vai a venir voh a enseñarme cómo reconocer a un putero de mierda? Y voh Roberto, no te riai ná mucho. Porque a voh tampoco te duraría mucho más la plata. Esta bruja culiá que teníh de mujer te la haría cagar comprándose hue'as de perfumes y ropa. O ese par de vagos que tenih de hijos y que van a la universidad a puro buscar minas pa' pescárselas te dejarían más encalillado de lo que estai hoy día.
¡Déjense de huevadas! ¿Por qué no se van un rato los cuatro a las rechuchas?
Claro, que tienen problemas, que están apurados. ¡Obvio poh hue'ón! ¡La media novedad! Si los arribistas de mierda tienen que comprarle todas las hue'as que los cabros culia'os quieren, tienen que cambiar el auto todos los años y les importa una hue'a el resto del mundo.
No, cabritos. Están mal de la cabeza. Estaré cagado de otros lados... a lo mejor ya ni se me para, pero pañales todavía no tengo que ocupar y no va a venir un cuarteto de hue'ones como ustedes a tratar de cagarme con lo poco que me queda de vida.
¿Qué? ¿Qué quieren la mitad de la casa que era de tu mamá? Estos sí que son hue'ones. ¡Cuando yo me muera, mierda! ¡Antes ni cagando! ¡¿Escucharon?! ¡Van a tener que esperar a que yo me muera para poder hacer las hue'as que tienen en la cabeza! Por mientras, sigan gastando la plata que no tienen en encalillarse.
Miren los hue'ones... si no fuera por mi vieja que en paz descanse y porque tienen que dejarme la cocina limpia, los mandaría a la conch'esumadre... a los cuatro juntos, al tiro. ¿Me escucharon? A la conch'esuma'ahh... Uhh... Grrr...
24 horas más tarde, a la salida de un velorio expreso en la parroquía de la esquina, Roberto y Marcela no logran ponerse de acuerdo si la casa la arrendarán o definitivamente la venderán.

Sin Celular

Hoy cumplo un mes sin celular. Y debo reconocer que la primera semana fue terrible. Al comienzo me invadió la sensación que algo me faltaba. A eso se sumó un incremento del apetito. Así, comía más, sudaba más, movía freneticamente el pie haciendo creer a todo el mundo alrededor que estaba temblando. Creo que incluso estaba un poco más irritable, sobre todo cuando alguien mencionaba el aparato en cuestión.
Pero luego de esa semana todo comenzó a normalizarse. E incluso un par de cosas han mejorado. Antes, había dos cosas que hacía juntas cuando tenía que caminar, aunque no fuese más que un par de cuadras: fumar y hablar por teléfono. Ahora, como no tengo teléfono, fumo más. ¿Qué si eso es positivo? Por supuesto. Porque no sólo ha aumentado la cantidad, sino también la calidad. No compro mejores cigarros, o más caros, sino simplemente que fumo con más calma, disfrutando el humo en la garganta y la nicotina corriendo por las venas. Por otro lado, han mejorado mis fines de semana. Ahora, los sábados y domingos puedo hacer mis cosas tranquilo, sin toquetearme a cada minuto el bolsillo pensando que algún pequeño objeto comenzó a vibrar. No tengo que andar escondiéndolo para dormir la siesta, no tengo que preocuparme que un diminuto ser humano lo haya chupeteado y mordisqueado hasta dejarlo inservible. Eso sí, las horas en la oficina han aumentado. Pareciera que mi jefa, sabiendo que ya no podrá llamarme para preguntar por el detalle que se le olvidó, me retiene cerca de ella hasta que ya no queda nada más por preguntar, ninguna tarea por asignar, ninguna nimiedad por la que preguntar. En el metro, en lugar de ir contestando llamadas, leo. Historias de un jugador de fútbol, de un joven que sale de vacaciones con su padre, una mujerzuela que asesina a un cantante, los delirante diálogos de un fantasma con un necrofilo. Y cuando no tengo qué leer, escribo. Una historia que poco agarra forma, que al principio parecía un racontto de vida universitaria, pero que de pronto toma vida propia; cuyos personajes comienzan a hacer lo que ellos quieren y no lo que yo planeo que hagan, y que espero en algún minuto tenga tres letras al pie de la última página. Mientras tanto, disfruto mi vida sin celular. ¡Te extraño!

martes, 11 de marzo de 2008

Resumen de Lecturas

En diciembre me hice socio de la Biblioteca de Santiago. Notable acontecimiento. Desde entonces, la cantidad de cosas nuevas que he leído ha crecido exponencialmente (lo que tampoco es mucho decir, puesto que hasta ese momento sólo leía los libros que tenía en mi casa, muchos de los cuales ya había leído al menos un par de veces).
El primer libro que saqué, para llevarlo como compañero de vacaciones fue "Los detectives salvajes". Tiempo hacía que me daba vueltas el nombre de Bolaño en la cabeza (sobre todo después de su muerte... salvo pequeñas excepciones, detesto los escritores vivos) y decidí llevarlo conmigo a la costa. La verdad es que es un volumen alucinante. El desorden aparente, el frenesí del relato, la cotidianeidad convertida en aventura, y los sucesos que llamaríamos aventura contados como si fueran lo cotidiano, lo hacen un libro altamente recomendable. Lástima que "Putas asesinas" esté siempre prestado, porque creo que es una interesante misión leer algo más del casi-chileno escritor.
Luego, apareció por mi casa "Baudolino". Si se hiciera una competencia de cuántas veces se ha leído "El péndulo de Foucault", ganaría por goleada. No es mi libro favorito. Es cierto que me gusta, pero es como el cigarro... si bien me gusta, muchas veces lo tengo en los labíos por la costumbre de fumar, y por la necesidad de sentir la nicotina corriendo por las venas. Por eso, cuando ví la última novela de Eco en el estante, no dude un segundo. Y no tardé un día en decepcionarme. Creo, en todo caso, que la culpa es mía. Las expectativas eran demasiado altas, considerando el antecedente del "Péndulo". El libro es entretenido, tiene un ritmo relativamente ágil (aunque a veces uno pensaría que hay mucho larguísimo párrafo que se podría acortar y que bajaría en unas 200 el total de páginas, y que sólo son el fruto de la verdadera lujuría que siente el autor por las palabras y sus combinaciones...). Pero es sobre todo no recomendable para aquellos que hayan leído "El Péndulo" poco tiempo atrás y les haya gustado (y tengan buena memoria): las citas veladas son muchas, las referencias entre líneas al péndulo son demasiadas (baste con decir que el reino del Preste Juan, centro temático de "Baudolino", aparece en el péndulo más de una vez).
Picado, ataqué con "El nombre de la Rosa", del mismo Eco. Imposible no llenarse la cabeza con las imágenes de la película al leerlo. Pero el libro no es el guión de la película, obvio, por lo que debe examinarse en su propia dimensión. En primer lugar, la película es como el libro desengrasado, o light, o descafeinado. Las discusiones filosóficas sobre la risa y otros temas son más extensas, más ricas en citas, mejor desarrolladas en el libro (en todo caso, nadie habría visto la película si esas discusiones aparecieran allí). El único problema es la flojera del traductor. El libro original abunda en párrafos en latín. El traductor los mantuvo, pero no fue capaz de poner una miserable nota al pie con la traducción. Aplicar cachativa y los viejos recuerdos de estudios de latín de hace 15 años ("Roma in Italia est, Italia in Europa est, Aegyptus non in Europa est..." que sueño, dios mio) no bastan para entender comentarios a Aristóteles. Sin embargo, y a pesar de ser un buen libro, creo que termina por confirmar que la Edad Media y sus mitos son el ambiente en el que no sólo trabaja, sino seguramente también vive Eco. Tal como deduce Casaubon cuando busca desesperado la contraseña de Abulafia en "El péndulo", imposible sustraerse a un universo de discurso cuando se vive inmerso en él.
"Abbadon el Exterminador" era la única novela de Sábato que no había leído. Después de enamorarme de "El Tunel" a los 13, de sufrir con "Sobre heroes y tumbas" a los veintitantos, sólo faltaba este. Y la verdad, creo que me cure del existencialismo, porque sencillamente no pude terminar de leerlo. Las pesadillas intelectuales de Sábato me dejaron impavido. Confieso que me aburrí.
Durante mucho tiempo sonreí cuando alguien hablaba de Sade, y pensaba por dentro "cochinón"... Para salir de la duda, del empacho, y ver qué tan terrible era, agarré "Los 120 días de Sodoma". Creo que 80 páginas fueron suficientes. No sé si todos los libros del Marqués serán de ese tono, pero ya no pretendo averiguarlo. Niños y niñas demasiado menores de edad, y mucha relación homosexual. Too much for me.
Ahora, en una repisa, "La Isla del día de antes", de Eco. Por lo que hojee, parece que se decidió a salir de su universo medieval. Esperemos que así sea. En una semana más les cuento.
Salud!

viernes, 7 de marzo de 2008

Desde Acá

Él la mira alejarse. Las huellas que deja en el camino cubierto de barro parecen más persistentes que el eco de sus lamentos, que ya comienzan a extinguirse... Él la mira alejarse, y observa la figura abombada de su pelo alrededor de su cabeza, sobre sus hombros... Piensa en cómo podría grabar esa silueta para siempre en su memoria, en cómo convertirla en una estatua inmaterial de granito inmaterial de presencia inmaterial. Pero luego se corrige a sí mismo. Concluye que no vale la pena, que aunque lograra formar ese recuerdo casi tangible sería sólo eso, un recuerdo, y no tendría nada que ver con la sensación y la textura que alguna vez llegó a la yema de sus dedos. Concluye que no vale la pena porque antes que ese recuerdo se apague, ese cabello se convertirá en un maraña de lineas blancas que ralea cada día más hasta finalmente desaparecer.
Y entonces se imagina su piel cubriéndose de surcos y surcos y surcos que acusan los años pasados. Imagina sus ojos rodeados de bolsas de piel. Sus manos cubiertas de pecas y manchas, dejando adivinar los huesos como si estuvieran pegados a la piel. Se imagina su silueta perdiendo su forma, dejando atrás esas curvas sensuales y carnosas, y dejando en cambio un saco de estrias apenas amoldado por la ropa, que obviamente ha cambiado y ha pasado de faldas cortas y pantalones coquetos a faldas bajo la rodilla, a medias de colores opacos, a blusas de manga larga cerradas con un broche en el pecho que muchos años atrás la habrían hecho reir.
Se da cuenta entonces que un amargo, turbio y viscoso deseo sube desde sus ingles hasta debajo de su lengua, donde se confunde con el recuerdo de sabores demasiado añejos. Y ese rabioso deseo se agita desesperado, muriendo un poco a cada segundo cuando él se da cuenta que ella, la de hoy, se aleja por esas veredas virtuales que sólo ella conoce y por las que él no puede seguirla.
(La canción debiera ser "Desde acá" de Lucybell, pero RadioBlog no lo tiene todo... faute de mieux, Atmosphere...)

jueves, 6 de marzo de 2008

Cortita - La cita de hoy

"[...] No es la duda la que mata, sino la certeza" - F.W.N. ¿Por qué chucha este hue'ón tenía casi siempre la razón?