Instrucciones para nadar en una piscina
Ubíquese idealmente en la orilla de la piscina, justo en ese sector donde la mayoría de ellas tiene una gravilla gruesa que lastima ligeramente los pies y aumenta los deseos de lanzarse al agua. Mire a su alrededor, verificando que nadie está muy cerca del lugar donde usted va a caer (para que lo anterior sea válido, debe hacer el ejercicio mental de proyectar su propia silueta en el agua, alargándola un par de metros desde la orilla).
Salté. Muy importante: no se trata de saltar como para coger una fruta de su rama, ni de hacerlo dejándose caer hacia adelante, como un desmayado. No. Antes bien, debe flectar las piernas e impulsar su cuerpo tratando de conseguir una diagonal cuyo punto inferior son los dedos de sus manos extendidas al final de sus brazos ídem, y cuyo punto superior serían sus pies. (Nota importante: para el éxito de este procedimiento será mejor que lea las instrucciones hasta el final y luego salte).
Una vez en el agua, el impulso del salto debiera empujarlo hacia adelante, mientras que la resistencia del agua convierte poco a poco la diagonal en horizontal. Es importante que advierta que el agua además frenará poco a poco su avance, puesto que ésta es menos amiga de las aves y mariposas que el aire donde habitualmente vivimos.
Una vez conseguida la horizontal, recuerde no tratar de respirar. Mantenga sus piernas rígidas, como si no tuviera rodillas, y mueva alternadamente una hacia arriba y la otra hacia abajo. No intente mover simultáneamente las piernas hacia arriba o hacia abajo, y menos hacia arriba y hacia abajo. En el primer caso su cadera se lamentará de haber seguido mis instrucciones. En el segundo, todas las reglas del devenir y la sucesión saltarán por los aires, con el nefasto resultado que a partir de ese momento tendría que tomarse el café mientras el agua hirviendo cae de la tetera y va llenando la taza; operación dolorosa e injustificada. O bien podría encontrarse tratando de besar a una mujer al mismo tiempo que la saluda la primera vez que la encuentra, con el consiguiente desagrado de su mejilla y la decepción de su deseo sexual.
Poco a poco notará que el fondo de la piscina se va alejando de usted. Esto puede ser porque usted está comenzando a emerger, o bien porque la piscina se ha hecho más honda. Si la primera opción es la correcta, comience a agitar violentamente los brazos mientras intenta gritar y traga agua a raudales, para que así el salvavidas note su problema y venga a rescatarlo.Si se trata de la segunda opción, despídase de su santo patrón —si lo tiene—, cierre los ojos, despídase del pasto verde que nunca volverá a pisar, del cielo que nunca volverá a ver, de la mujer que nunca volverá a acariciar.


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