viernes, 15 de febrero de 2008

Instrucciones II

Instrucciones para caminar con los cordones desatados
De absoluta importancia es que los cordones no sean demasiado largos. Si el extremo suelto del cordón es más extenso que el largo máximo de sus pasos, es recomendable que detenga aquí la lectura, flecte sus rodillas, y proceda a amarrarlos. Si desconoce como realizar esta compleja operación, simplemente recoja los extremos y enrollelos alrededor de su tobillo o póngalos dentro del zapato, junto a su pie, en una orilla donde no molesten demasiado.
Superado este obstáculo inicial, pasamos al procedimiento como tal.
Debe dar los pasos largos, muy largos, más largos que lo habitual, evitando así que el pie que apoyará vaya a posarse, por accidente, sobre el extremo del cordón.
Con lo anterior no necesitará siquiera estar constantemente mirando hacia abajo para evitar tan nefasto suceso.
Cuidado especial debe tenerse al llegar a las esquinas. Una detención frente a un semáforo en rojo no causará problemas, pero sí puede ocasionarlo el reanudar la marcha. En estas circunstancias es recomendable, antes de dar el segundo paso, verificar que efectivamente la punta del cordón ha quedado más atrás que nuestro pie más adelantado, aunque sea un par de centímetros.
Con las indicaciones anteriores no debiera tener problema. De no seguirlas cuidadosamente, puede terminar de bruces en el suelo, con el riesgo evidente de que su ojo termine atravesado por una viga que quizás usted mismo dejó tirada por ahí, en alguna vereda.

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