Si las malas costumbres son las más persistentes, las más difíciles de desterrar, ¿no serán entonces la verdadera cara, lo que los ingenuos filósofos llaman "esencia"?
Al final, entonces, habría que amar incluso las malas costumbres...
¡Puaj! ¡Qué asco! grita la princesa imaginando la tapa del baño adornadas de gotitas...


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