lunes, 8 de septiembre de 2008

El cielo

¿Tomarse el cielo por asalto? Naaa... ¿Para qué? ¿Para encontrar una tropa de divinidades ebrias, danzando algunas, durmiendo otras más allá? ¿Démeter derramando sus frutos en el piso mientras rie a carcajadas? ¿Afrodita fornicando con algún extraño ser mitad algo mitad otra cosa, mientras mira de reojo a Ares que duerme agitados, rabiosos y cornudos sueños? ¿Tomarse el cielo por asalto? Tal vez. Y de esa forma pedir para mí mismo el único tipo de caída que mi soberbia tolera: estrepitosa, furibunda, de esas caídas que desgarran la piel convirtiéndola en un montón de jirones rojizos que claman por algo de agua que la refresque.
¿Tomarse el cielo por asalto? Quizás. Y entonces se encontraría el espectáculo de la desintegración del mundo con acordes wagnerianos y decorados de Andy Warhol, cantos de valquirias de siluetas amarillo encendido pegadas como etiquetas en una botella de cerveza.
¿Tomarse el cielo por asalto? No, otra vez no. Porque los milagros pequeños y sonrientes sólo se dan una vez, y convertir sus ojos encantadores en lágrimas abrazadoras sería un crimen que no me atrevo a cometer.
Ya se intentó una vez tomar el cielo por asalto, torcerle la mano al destino entre dos. Pero al torcerle la mano no le quitamos la espada, y ahora la deja caer sobre nosotros desgarrando todo alrededor.
Ya se intentó tomar el cielo por asalto, y los dioses borrachos pueden dejarte entrar por un rato a contemplar su triste apariencia, a sentir su temible hedor, a escuchar sus cantos que parecen carcajadas de hienas. Pero luego toman su venganza. Como no te invitaron ellos a sus fiestas, te expulsan a patadas del Olimpo, para terminar cayendo más hondo que Sísifo y quedar más deforme que Hefestos.
Ya se intentó tomar el cielo por asalto, y puesto que el camino es árduo y escarpado, puesto que los montes se elevan como muros de roca impenetrable, las energías se agotan y luego no se puede aguantar la posición.
¿Tomarse el cielo por asalto? Sólo para ver a Cronos, devorando infinitamente a sus hijos, devorándonos infinitamente a nosotros, inmerecidos bastardos suyos.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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