lunes, 31 de marzo de 2008

Sin Celular

Hoy cumplo un mes sin celular. Y debo reconocer que la primera semana fue terrible. Al comienzo me invadió la sensación que algo me faltaba. A eso se sumó un incremento del apetito. Así, comía más, sudaba más, movía freneticamente el pie haciendo creer a todo el mundo alrededor que estaba temblando. Creo que incluso estaba un poco más irritable, sobre todo cuando alguien mencionaba el aparato en cuestión.
Pero luego de esa semana todo comenzó a normalizarse. E incluso un par de cosas han mejorado. Antes, había dos cosas que hacía juntas cuando tenía que caminar, aunque no fuese más que un par de cuadras: fumar y hablar por teléfono. Ahora, como no tengo teléfono, fumo más. ¿Qué si eso es positivo? Por supuesto. Porque no sólo ha aumentado la cantidad, sino también la calidad. No compro mejores cigarros, o más caros, sino simplemente que fumo con más calma, disfrutando el humo en la garganta y la nicotina corriendo por las venas. Por otro lado, han mejorado mis fines de semana. Ahora, los sábados y domingos puedo hacer mis cosas tranquilo, sin toquetearme a cada minuto el bolsillo pensando que algún pequeño objeto comenzó a vibrar. No tengo que andar escondiéndolo para dormir la siesta, no tengo que preocuparme que un diminuto ser humano lo haya chupeteado y mordisqueado hasta dejarlo inservible. Eso sí, las horas en la oficina han aumentado. Pareciera que mi jefa, sabiendo que ya no podrá llamarme para preguntar por el detalle que se le olvidó, me retiene cerca de ella hasta que ya no queda nada más por preguntar, ninguna tarea por asignar, ninguna nimiedad por la que preguntar. En el metro, en lugar de ir contestando llamadas, leo. Historias de un jugador de fútbol, de un joven que sale de vacaciones con su padre, una mujerzuela que asesina a un cantante, los delirante diálogos de un fantasma con un necrofilo. Y cuando no tengo qué leer, escribo. Una historia que poco agarra forma, que al principio parecía un racontto de vida universitaria, pero que de pronto toma vida propia; cuyos personajes comienzan a hacer lo que ellos quieren y no lo que yo planeo que hagan, y que espero en algún minuto tenga tres letras al pie de la última página. Mientras tanto, disfruto mi vida sin celular. ¡Te extraño!

No hay comentarios: